viernes, 30 de enero de 2015

LAS RELIGIONES Y LA LIBERTAD



La pasada semana ha resultado ciertamente movidita, sobre todo por lo que a sentimientos se refiere. Los acontecimientos vividos en Paris han incidido sin duda en nuestras conciencias. No hay duda de que si los asesinatos se hubieran producido en Bagdad o Kabul el impacto emocional habría sido mucho más suave. Por dos razones básicas: por un lado la distancia geográfica y referencial, y por otro la reiteración de los hechos. 

Si en Paris, Madrid o Mondragón los atentados se produjeran diariamente nos iríamos  haciendo más y más insensibles ante esa monstruosidad. Aunque la muerte de todas las personas son iguales, es cierto que cada una de ellas nos llega con una intensidad diferente en decibelios emocionales. Y, por supuesto, la asiduidad con que se acude a la fuente agotable de los sentimientos termina por hacer su efecto: cuanto más nos acostumbramos a un hecho, menor es su impacto emocional en nosotros. 

Pero perdóneme el lector: no quería hablar sobre cómo reacciona psicológicamente la persona ante los diversos tipos de muerte. Lo que yo quería decir es que las religiones nos muestran diariamente que son un invento humano. Y que matar o, simplemente, causar daño en nombre del dios que aquéllas defienden es justamente negar la existencia del mismo. Como sucede con cualquier maximalismo ortodoxo estéril, el hecho de querer imponer las ideas desde la intolerancia religiosa produce un resultado execrable. Eso ha sucedido antes, hoy y siempre. Las religiones para que funcionen hay que vivirlas desde la libertad.
 Argazkiak: Fernando Martinez de Eredita



Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 12 de enero de 2015.



 

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