viernes, 14 de julio de 2017

IGUAL QUE SI NO LO HUBIÉRAMOS VIVIDO


Todas y cada una de las secuencias de nuestra propia película vivencial son almacenadas en algún lugar de la memoria, tan pronto como son rodadas. Allí, en la práctica totalidad de los casos, el polvo del olvido las va haciendo desaparecer, y muy de vez en cuando alguna de ellas –  impulsada por un determinado resorte- es recuperada, si bien desgastada por el no uso. Con impulso o sin él, todas las vivencias se apagan para siempre, justo con nosotros mismos, ya que nadie tiene capacidad de abrir con su llave el almacén memorístico ajeno. 

Momentos antes de comenzar a escribir estas líneas ha funcionado uno de esos especiales resortes. Se trataba de un cuaderno de apuntes de matemática que yo había recogido con quince años. Estoy seguro de que el cuaderno era mío ya que he reconocido el tipo de letra que utilizaba entonces. Lo que me ha sido imposible de recordar es aquello que parece estudié hace cincuenta y tres inviernos. Las elipses, bisectrices, logaritmos neperianos, derivadas, productos de funciones etc.  desaparecieron para siempre de las estanterías de mi memoria. Igual que si no las hubiera vivido nunca.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 10 de julio de 2017
 

viernes, 16 de junio de 2017

POR LOS CAMINOS DEL TRABAJO BIEN HECHO (También tras la jubilación)



Escribía hace algún tiempo sobre la especial atalaya desde la que los clasificados como pasivos nos asomamos al mundo. Se acabaron los insufribles avisos del despertador anunciándonos que debíamos abordar una vez más el trabajo remunerado; olvidamos para siempre la tremenda zozobra de fin de mes sobre el color que presentaría el resultado de pérdidas y ganancias; en una palabra, dimos carpetazo al trabajo profesional y nos preparamos a llenar de contenido diferente las veinticuatro horas del día.

El punto de inflexión de la jubilación nos abrió un espectro de posibilidades y ante nosotros apareció un mundo diferente. Es por ello que hoy quiero dedicar un aplauso muy particular a dos de mis excompañeros de estudios, y la razón no es otra que la de haber demostrado bien palpablemente que más allá del quehacer profesional existen espacios para el trabajo bien hecho.

Miguel Luis con sus pinceles y Fernando con el clic de su máquina fotográfica nos han dado un nuevo ejemplo de que la vida puede seguir sonriéndonos. Eso sí, los espacios hay que buscarlos. 

Miguel Luis Agirrezabal expone sus cuadros en Lukas Ardotegia de Zarautz, hasta el 22 de junio. Y Fernando Martínez Sarasketa ha fotografiado los cuadros expuestos.

 






Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 12 de junio de 2017

viernes, 31 de marzo de 2017

LA ETERNIDAD



Existen noches en las que, sin poder conciliar el sueño, damos mil y más vueltas a temas diferentes que, algunos, nos preocupan y otros no tanto. Esta pasada ha sido una de ellas, en las que, entre otros pensamientos, me ha zarandeado de bien uno que incidía una y otra vez sobre el concepto de eternidad. Diré entre paréntesis que no recuerdo que en mi juventud me asaltaran, ni aun en los momentos más tenebrosos, preocupaciones de semejante perfil. Seguramente sea debido a que cada día tengo más cerca el marco de juego de la eternidad. 

Resulta que lo que me ha llevado a esta zozobra nocturna ha sido un conjunto de fósiles descubiertos en Canadá, que por lo que dicen sesudos científicos pertenecen a seres vivos de hace cuatro mil millones de años. Sin necesidad de comenzar a contarlos, pensando solamente en esa difícil de imaginar cantidad, me ha invadido una sensación de nerviosismo que ha puesto a las claras mi propia pequeñez (nimiedad) 

Pero al poco me he acordado que hace unos meses, en uno de mis paseos a pie por carreteras del país, di con una vieja lápida adornada con un ramito de flores. Aquella piedra tenía escrita una leyenda que recordaba el fallecimiento en el lugar de un joven en el año 1948. Un triste hecho sucedido hace sesenta y ocho años.  Lo bonito, sin embargo, fue cuando comprobé que las flores eran naturales, puestas allí por una mano anónima. 

Y esta noche, al venirme a la mente ese recuerdo, me he dado cuenta de que la eternidad y la permanencia viva en el corazón de alguien son sinónimos, sin importar para nada la longitud del tiempo. Y tranquilizado con ese descubrimiento, me he quedado dormido.

Fotografía: Tere Anda


Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 27 de marzo de 2017