viernes, 3 de noviembre de 2017

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS


En octubre se cumplen cincuenta años de la irrupción en el mundo musical del grupo donostiarra Los Amis. No creo que encontremos en ninguna enciclopedia especializada el nombre de dicho “conjunto”, pero la efeméride me ha venido como anillo al dedo para echar una mirada hacia atrás y recordar aquella época, “tal si fuera hoy”


Con Los Amis nos adentramos en el camino de la modernidad desde aquel espacio cerrado  donostiarra; eso, si es que se puede llamar modernidad al ambiente que se respiraba en el coto universitario de los EUTG. Dimos nuestros primeros pasos sin saber muy bien hacia dónde nos encaminábamos, ejercicio difícil de resolver ya que la oscuridad que nos envolvía no nos permitía observar el horizonte. Acababa de morir el “Che” Guevara, mientras el general dictador seguía con salud de hierro. Los conflictos sociales se multiplicaban, aunque los medios de comunicación alineados con el régimen trataran de ocultarlo. Crecía sin parar la violencia política en nuestro solar vasco, y si bien en ciertas ocasiones actuábamos en primera línea, en la mayoría de los casos nos convertíamos en meros espectadores pasivos, paralizados por el miedo al terrible sistema de represión. Y en aquel día a día Los Amis nos invitaban a la oración o a condenar la guerra de Vietnam.

Los componentes del grupo, Eduardo Moreno, Paco Vicente, Luis Escalante y Eduardo Ortuzar, que además eran compañeros nuestros de pupitre, pronto dejaron las guitarras y abordaron diferentes -¡y bien diferentes, por cierto!- objetivos. Como al fin y a la postre lo hicimos todos nosotros. 

Cincuenta años después abro los ojos y veo dictadores, y conflictos sociales, y violencia política … y me doy cuenta de que hasta he dejado de rezar.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 30 de octubre de 2017
ASÍ SONABAN LOS AMIS EN SU PRIMER DISCO

Foto: JMVM 

viernes, 14 de julio de 2017

IGUAL QUE SI NO LO HUBIÉRAMOS VIVIDO


Todas y cada una de las secuencias de nuestra propia película vivencial son almacenadas en algún lugar de la memoria, tan pronto como son rodadas. Allí, en la práctica totalidad de los casos, el polvo del olvido las va haciendo desaparecer, y muy de vez en cuando alguna de ellas –  impulsada por un determinado resorte- es recuperada, si bien desgastada por el no uso. Con impulso o sin él, todas las vivencias se apagan para siempre, justo con nosotros mismos, ya que nadie tiene capacidad de abrir con su llave el almacén memorístico ajeno. 

Momentos antes de comenzar a escribir estas líneas ha funcionado uno de esos especiales resortes. Se trataba de un cuaderno de apuntes de matemática que yo había recogido con quince años. Estoy seguro de que el cuaderno era mío ya que he reconocido el tipo de letra que utilizaba entonces. Lo que me ha sido imposible de recordar es aquello que parece estudié hace cincuenta y tres inviernos. Las elipses, bisectrices, logaritmos neperianos, derivadas, productos de funciones etc.  desaparecieron para siempre de las estanterías de mi memoria. Igual que si no las hubiera vivido nunca.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 10 de julio de 2017