viernes, 20 de febrero de 2015

VIVIENDO CON PARKINSON



Si ya de por sí es duro vivir con la enfermedad de Parkinson, calcula cómo se deberá encontrar Javier Viscarret una vez de  extirparle el estómago. No es esa la mejor presentación que puedo hacer sobre mi protagonista de hoy, pero es el pensamiento que me vino cuando un amigo pamplonés me adelantó la historia de aquél, a la vez que me invitaba a leer su último libro “Ananda” El pasado jueves me llegó éste por correo y desde el primer contacto quedé atrapado con su literatura simple pero llena de mágico mensaje. 

Viendo cómo una persona como Javier, que lleva décadas en relación directa con “su amigo Parkinson” hace frente a la vida ¿de qué nos quejamos los que no hemos tenido que lamentar tantos descalabros de salud?  La pura descripción sin ropajes de las vivencias de Viscarret aportan calor a quien está obligado a levantar un mundo nuevo más allá de la enfermedad. Se trata de un ejercicio que le permite al autor despojarse de la artificialidad de la vida para subirse a un nuevo carro de esperanza y crear así nuevas sensaciones en espacios y ritmos nuevos, desde la esperanza.  

Javier Viscarret nos proporciona una lección admirable en las páginas de su libro: la vida hay que apurarla hasta la última gota, con todos los componentes necesarios para hacerla, precisamente, digna de vivirla. Únicamente de esa forma se da sentido al tránsito por este mundo. Séase creyente en un dios o desde la negación absoluta, el humanismo es lo que ofrece a nuestro quehacer diario su valor eterno. Y la aportación escrita de Javier me ha reafirmado en esa convicción.

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Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 2 de febrero de 2015

viernes, 13 de febrero de 2015

JOSE MARI SEDANO, VASCOFILO



Vuelvo en este jueves nevoso del cementerio de Santa Isabel de Vitoria-Gasteiz, donde acabamos de enterrar al amigo José Mari Sedano. Seguramente el nombre les diga poco o nada a los habituales lectores de este blog, sobre todo si no son vitorianos. José Mari era uno de esos personajes insustituibles en el paisaje social vitoriano y alavés. Y fiel amigo. 

Conocí a José Mari en el año 1964, aunque nuestro primer encuentro personal no lo tuvimos hasta dieciséis años más tarde. La primera noticia suya me llegó a través de las ondas de Radio Vitoria, donde él trabajaba y desde la que emitía todos los domingos a primera hora de la tarde el programa “Fiesta Vasca-Euskal Jaia” Yo lo sintonizaba en mi casa de Ullibarri Gamboa. Y aquella emisión de música y contenido vasco suponía para mí una bocanada de aire fresco vivificante en el ambiente gris al que estábamos acostumbrados. 

El contenido de aquel programa que llegaba a una amplia audiencia me hizo pensar que una nueva Alava podía ser posible. Existía una ventana abierta a la esperanza. Y llegó el año 1984 y la celebración del primer millar de emisiones del citado programa. Fue el 19 de febrero. Y a Jose Mari se le dedicó un caluroso homenaje en el Teatro Principal de la capital. Recuerdo el abrazo que en el escenario le dio Mikel Laboa, agradeciéndole en nombre de todos los músicos y cantantes euskaldunes su extraordinario trabajo. En la comida que siguió al espectáculo me tocó pronunciar unas palabras, y en ellas subrayé el mérito de José Mari al superar, con su particular espíritu alavés, obstáculos de todo tipo por mostrar la realidad vasca de Alava 

Las últimas horas que hemos pasado juntos fueron en Burgos, a donde el pasado 30 de diciembre se nos invitó a los Celedones de Oro a una jornada festiva. José Mari era presidente de honor de la Institución. Tuvimos oportunidad de darle un buen meneo al almacén de recuerdos mutuos, en donde aparece en lugar señalado mi colaboración en “Gasteiz”, la revista anual creada y dirigida por él durante décadas. Cuando llamaba por teléfono para pedirme el artículo, añadía: “Que sea en euskera, no te olvides”
 
Se nos ha ido un gran vascófilo alavés. Jose Mari: sembraste y aseguraste nuevos frutos. Muchísimas gracias, y hasta la vista.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 9 de febrero de 2015


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viernes, 30 de enero de 2015

LAS RELIGIONES Y LA LIBERTAD



La pasada semana ha resultado ciertamente movidita, sobre todo por lo que a sentimientos se refiere. Los acontecimientos vividos en Paris han incidido sin duda en nuestras conciencias. No hay duda de que si los asesinatos se hubieran producido en Bagdad o Kabul el impacto emocional habría sido mucho más suave. Por dos razones básicas: por un lado la distancia geográfica y referencial, y por otro la reiteración de los hechos. 

Si en Paris, Madrid o Mondragón los atentados se produjeran diariamente nos iríamos  haciendo más y más insensibles ante esa monstruosidad. Aunque la muerte de todas las personas son iguales, es cierto que cada una de ellas nos llega con una intensidad diferente en decibelios emocionales. Y, por supuesto, la asiduidad con que se acude a la fuente agotable de los sentimientos termina por hacer su efecto: cuanto más nos acostumbramos a un hecho, menor es su impacto emocional en nosotros. 

Pero perdóneme el lector: no quería hablar sobre cómo reacciona psicológicamente la persona ante los diversos tipos de muerte. Lo que yo quería decir es que las religiones nos muestran diariamente que son un invento humano. Y que matar o, simplemente, causar daño en nombre del dios que aquéllas defienden es justamente negar la existencia del mismo. Como sucede con cualquier maximalismo ortodoxo estéril, el hecho de querer imponer las ideas desde la intolerancia religiosa produce un resultado execrable. Eso ha sucedido antes, hoy y siempre. Las religiones para que funcionen hay que vivirlas desde la libertad.
 Argazkiak: Fernando Martinez de Eredita



Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 12 de enero de 2015.