También me ratifico en que la indispensable base para la
comunicación será su calidad. Y los ejemplos que contemplamos día a día –
la praxis diaria- nos reflejan que por ahí se está avanzando, aunque muchas
veces nos parezca que el camino se encuentra impracticable debido a tanta
suciedad y a tanto ruido. Pienso que cada uno de nosotros – cada uno de los que
trabajamos en pos de la noticia o del contenido- acudimos a todo aquello que puede
mejorar nuestra oferta, aunque invirtamos en tal empresa más del tiempo que la
rentabilidad económica de aquélla nos pudiera aconsejar ¿Es el tiempo un factor
de costo? ¡Por supuesto! Pero el tiempo bien invertido amortiza a corto plazo
la inversión.
La comunicación exigirá más y más profesionalidad, alejada del actual
sistema anclado en un desorientador todo vale y cuanto más escandaloso mejor.
Tengo claro que los ciudadanos libres y comprometidos, en su afán por estar
informados, huirán de modelos tipo Finienvest. Por lo tanto, como en cualquier
otro oficio, el comunicador profesional deberá esforzarse desde una oferta
fidedigna y contrastada. ¿Por qué? Sencillamente porque al derecho a estar
informados se le aplicará un índice cada día mayor de credibilidad. A medida
que vayamos siendo más aptos para separar la paja del grano, el nivel de
exigencia de quien desea estar informado será mayor en todas los sentidos.
Fotografía. Ekain Velez de Mendizabal
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