viernes, 27 de noviembre de 2015

LOS REFRANES, DE CAPA CAÍDA



He traído en alguna otra ocasión a este rincón a mi amigo Delfín - labrador retirado- que en 2016 cumplirá su primer centenario, y lo he hecho por alguna aportación suya que me ha parecido interesante.

Hace unos días, tomándonos los habituales café y marianito (él) un bando de gansos pasó por encima de nuestras cabezas y mi amigo exclamó:” "Cuando las grullas veas pasar coge  el aradro y vete a sembrar. Cuando las veas volver coge el aradro y vete a romper"

Por lo que sé, aquel día nadie de los alrededores sacó el arado al campo. Las últimas herramientas campesinas están, en el mejor de los casos, arrinconadas o bien han pasado a decorar alguna estancia de las agradables y cómodas casas en que se han convertido los otrora caseríos.

Los gansos pasaron, y los labradores desaparecieron de nuestros pueblos, salvo muy raras excepciones; además, el día de Todos los Santos no nevó en los altos. !A! Las cigüeñas siguen en su nido de la torre campanil de Luco, y por lo tanto no habrá que esperar al próximo San Blas para volverlas a ver.

A medida que se pierde el íntimo significado de los refranes van cambiando, sin pausa, nuestras costumbres vivenciales. ¿O es al revés?

Nota complementaria: nos queda ver si por San Andrés (lunes, 30) la nieve ha llegado a los pies.

Argazkia: Marian Agirre

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 9 de noviembre de 2015.
 

viernes, 23 de octubre de 2015

MÁS VIEJO NO, PERO SÍ MÁS GUAPO



Apareció una noticia la semana pasada que trajo como consecuencia  un terrible bajón en mi autoestima: los vascos no somos tan antiguos como hemos venido suponiendo. Por lo que se nos explicó con detalle desde los medios, aparecimos por estos andurriales al tiempo que “el resto” de españoles. Incluso, decían, puede ser que el euskera no sea tan nuestro. 

¡No me digáis que tal mensaje no es como para caer hundido anímicamente en la más triste de las miserias! La llama del independentismo, a todas luces, estaba encendida sobre una idea falsa. ¡Vaya desgracia la nuestra! Y, obviamente, el profundo desconocimiento del tema debíamos achacar a Sabino, culpable único de que sobre nuestras cabezas haya caído semejante maldición divina. 


 Por supuesto que quedo muy agradecido a esos medios españoles que han hecho posible se abran mis ojos. Y aunque sumido en profunda depresión, por lo menos ahora sé la verdad (la rigurosamente científica, la definitiva) De tal manera que cuando  entretenga con cuentos a mis nietos les deberé confesar que nosotros los vascos no somos tan viejos. Aunque bien pensado, y con vista a recuperar la alegría de vivir, quizás les diga también que aquel nuestro primer mono, contemporáneo – eso sí- de los del “resto”, era el más guapo. ¿Que cómo lo sé? Simplemente por tradición familiar. ¡Jodé, vaya tranquilo que me quedo!



Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 14 de septiembre de 2015.
 

viernes, 25 de septiembre de 2015

ESPERANZA E ILUSION



Las esperanzas e ilusiones de cada uno  van cambiando con el tiempo. Claro que existen casos en que esos sentimientos se encuentran bien enraizados, pero lo normal es que con el transcurso de los años esas sensaciones anímicas tan inciertas den paso a nuevas expectativas que nos muevan en diferente dirección. Es ley de vida. 

Mira: cuando salgo a pescar mi objetivo es y ha sido siempre la trucha. Hace medio siglo (sí señores, llevo más de cincuenta y cinco años acercándome con mi caña a ríos y lagos) mi esperanza de cada mañana era superar el record anterior en cuanto a tamaño de la pieza. Y la consecuente ilusión no era otra que poder compartir aquel hermoso pez con todos los de casa, tras haberlo cocinado mi madre al horno.  

Las truchas han desparecido de mi habitual espacio de pesca y han sido sustituidas por otras especies, llamémoslas invasoras. Sin embargo en mi interior abrigo la esperanza de que algún día pique alguna en mi anzuelo, sin importarme en este caso el tamaño de la captura. Ha cambiado el sentido de la esperanza. Y sucede lo mismo con la ilusión. Llevo siempre conmigo una pequeña cámara fotográfica, y si se diera el caso de que me entrara esa esperada trucha me retrataría con ella y la devolvería al agua. Así conseguiría que permanecieran vivas en mí tanto la esperanza como la ilusión. Aunque sea consciente de que ambas cambian a medida que avanzamos en la vida.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 31 de agosto de 2015.