viernes, 6 de abril de 2018

RAVI SHANKAR EN SEMANA SANTA



El principal promotor del concierto pro Bangla Desh en 1971 fue el exbeatle George Harrison, quien supo captar para el macro espectáculo a músicos de muy alto nivel, tales como Bob Dylan y Eric Clapton. No es de extrañar, por lo tanto, que miles y miles de personas se acercaran al evento que tuvo lugar en un abarrotado Madison Square Garden de New York. Uno de aquellos especiales invitados a participar fue el intérprete indio de cítara Ravi Shankar, personaje que había sido capaz de cautivar con su música y misticismo oriental a los mismos Beatles, en una época rendidos a sus pies. Cuando aquel músico salió al escenario el Square Garden puesto en pie le tributó una calurosa acogida. Sentado en el suelo, Shankar ofreció con su instrumento, para la mayoría completamente desconocido, un corto recital. Y tan corto, ya que apenas llegó al minuto de duración. Cuando el maestro terminó, el recinto explotó en aplausos y vítores. Fue la locura. Shankar, viendo el entusiasmo que había despertado, se dirigió a la concurrencia, diciendo: “Si he logrado este júbilo afinando la cítara, no quiero ni pensar qué sucederá cuando termine mi concierto”

Una y otra vez he recordado esta anécdota en los pasados días de semana santa, mientras la televisión nos acercaba procesiones de diversas regiones españolas. Y no podía quitarme de encima la sensación de que al personal  le gusta solamente el prolegómeno, lo superficial. No le pidas que intente entender, interiorizar, ni – aún menos- llevar a la práctica el mensaje del concierto en su totalidad.


Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 02 de abril de 2018

viernes, 12 de enero de 2018

DIALOGOS INFANTILES POR ENCIMA DE IDIOMAS



He comenzado el año de manera impecable con los tres nietos/a juntos. Ha sido la primera vez en que la alicantina y los dos mondragoneses se encontraban juntos en nuestra casa y la verdad es que han sido días estupendos. Los dos mayores tienen tres años y la chiquitita ocho meses. De los euskaldunes, el único que puede expresarse oralmente lo hace en euskera, aunque en su vocabulario van apareciendo más y más palabras castellanas. La alicantina se expresa en valenciano, si bien gracias a la constancia y enseñanza de su padre entiende lo que se le dice en lengua vasca,  y – entre nosotros- como aún no tiene conocimiento del significado de la palabra identidad vive sin trauma alguno.

Resulta que en la interacción verbal durante estos días entre los peques y yo me he dado cuenta de un fenómeno curioso: he sido el que se ha sentido más incómodo ¿Por qué? Seguramente por haber querido, desde mi mentalidad de persona mayor, establecer para todos un puente lingüísitco sin aristas, cosa imposible ya que ello significaría dibujar de un trazo un cuadrado redondo. Sin embargo, entre mi nieta/o mayores una ha erigido su parte del puente en valenciano y el otro en euskera, y me han vuelto a demostrar que el  hacerse comprender no es cosa sólamente de palabras sino de querer entenderse a través de la afectuosidad de ellas. 

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 08 de enero de 2018.

Foto: JMVM 

viernes, 15 de diciembre de 2017

EL VINO Y LA PALABRA



La uva es naturaleza y el vino arte, como lo son la voz y la palabra, respectivamente. La capacidad del habla se nos da por naturaleza y a través de la palabra somos capaces de crear vibraciones que pueden alegrar  o entristecer el espíritu. La voz es una capacidad innata y la palabra su herramienta, la potencial productora de arte. 

Se puede conseguir vinos diferentes de la misma cosecha. Todo depende de la habilidad y recursos de quien maneja la uva. Algo similar sucede con los discursos, ya que pueden resultar totalmente diferentes aunque se utilicen el mismo tema e igual tono e intensidad de voz. Unos serán dignos de aplauso y otros indiferentes o incluso condenables. 

Es imposible el arte a través de la palabra si en el ejercicio no se pone más que el orden y la grandilocuencia de los términos utilizados. Se necesita aportar un poco de alma si no se quiere que el discurso caiga en una retahíla de aseveraciones cuadriculadas. Y me estoy dando cuenta de que cuanto más viejo soy más me importunan los discursos cerrados, sin oportunidad a la chispa estimulante de sentimientos. No me interesan, los considero estériles. Quizás por ello, mientras la cuidadísima y ortodoxa intervención de un obispo me producen vibraciones negativas, el nerviosismo de una chica ante su auditorio pone en sus palabras algo similar a una caricia en momentos dolorosos. Esto último es arte. Lo del purpurado, disertación yerma.

Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog Etorkizuna Etorkizun el 11 de noviembre de 2017

Argazkia: Tere Anda