Al abrir esta mañana el buzón de mensajes electrónicos me he
encontrado con uno que tenía de referencia: “atentos al rádar” Sin pararme a
leer lo he enviado directamente a la papelera. ¡Semejantes avisos me enervan!

Si se me señala que no puedo circular a más de 120
kilómetros por hora, mi conducta civilizada debería ser la de respetar la
norma, y si rompo con ella estoy demostrando una muy poca actitud de respeto
para la convivencia. No puedo aceptar –por supuesto, estoy hablando desde el
punto de vista ético- el vacilante y columpiante “ahora sí, ahora no”, cuando ese “no” lo quiero asegurar
trampeando.
Y no me valen las excusas. ¿Cómo me voy a fiar de nadie que
a sabiendas da la espalda al más elemental de los comportamientos sociales,
cual es el del respeto mutuo? No acepto el argumento de que para conocimiento
del colectivo cualquier información es beneficiosa.

Este razonamiento lo podría aplicar a otras muchas áreas. La convivencia
resulta complicada y es necesario realizar un gran esfuerzo para que las normas
sociales se cumplan. Por eso, para que la maquinaria cívica funcione con el
menor desgaste posible es obligatorio que cada ciudadano actúe dignamente. Es una gran utopía no
necesitar los radares. Más grande aún, poder vivir sin normas y sin castigos.
Traducción del original en euskera, que publiqué en mi blog "Etorkizuna etorkizun" el 12 de marzo de 2012
Fotos: debates.coches.net
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